Aunque Obama haya ganado en las elecciones de Iowa, un estado de mayoría blanca, el senador negro está muy lejos de la victoria. Su fortaleza ha sido también su debilidad en este debate electoral: un problema de  posicionamiento que comprendí de golpe en mi último viaje a NY, en septiembre pasado, cuando un taxista dominicano se refirió a él como “el que no es blanco ni es prieto”.  Por esta dualidad, Obama ha debido ser un equilibrista durante toda la batalla por la nominación presidencial demócrata. El pueblo norteamericano estará emplazado a elegir entre el atraso que representa la manipulación del miedo al terrorismo, por un lado, y confrontar su conservadurismo, al optar entre una mujer blanca, liberal, brillante, independiente y “feminista”, y un negro brillante, independiente, progresista y joven  como Obama.  Mi pronóstico es que Hillary se alzará con la candidatura, pero Obama llegará más lejos que ningún otro negro norteamericano en esta batalla.